Para un emprendedor, ver su negocio crecer es un sueño hecho realidad, pero en el ecosistema empresarial colombiano existe una pesadilla recurrente que consiste en invertir años en posicionar un nombre para descubrir, demasiado tarde, que legalmente no le pertenece o que está infringiendo derechos de terceros sin saberlo. En el mundo de las marcas, lo que no está registrado no existe ante la ley y entender cómo blindar uno de los activos más valiosos de una empresa, su manera de identificarse ante terceros, es fundamental para la construcción de proyectos.
Uno de los errores más comunes que encontramos en creativos emprendedores es creer que con el mero certificado ante la Cámara de Comercio se protege la marca comercial. La realidad legal es que el registro mercantil, si bien formaliza la existencia de la empresa para efectos tributarios y comerciales, no confiere derechos exclusivos sobre la marca. Esto significa que una empresa puede identificarse de una forma en su registro mercantil mientras que si un tercero ha registrado ese mismo signo como marca ante la Superintendencia de Industria y Comercio, adquiere la facultad legal de prohibir el uso del signo distintivo en fachadas, redes sociales y productos.
A esto se suma el peligro de la similitud y la confusión. Muchos empresarios eligen identificar sus productos o sus servicios con referencias que “suenan” parecido a marcas ya posicionadas creyendo que esto les ayudará a atraer clientes sin vislumbrar que esto representa una infracción marcaria. Si un signo utilizado genera riesgo de confusión en el consumidor, el titular de la marca original puede iniciar acciones en contra, lo que puede derivar en ordenes de retiro inmediato de avisos, destrucción de etiquetas, cierre de perfiles digitales y en el pago de indemnizaciones económicas.
Es crucial entender que en Colombia el derecho sobre una marca no nace con el uso cotidiano, nace con el acto administrativo del registro. Si un empresario lleva años usando un nombre pero nunca lo protegió legalmente, cualquier tercero puede registrarlo hoy y convertirse en el dueño legítimo ante el Estado. Recuperar ese nombre implica procesos judiciales largos y costosos que generalmente se habrían evitado con un trámite preventivo oportuno.
Desde la óptica del derecho comercial y mercantil, una marca protegida no es un gasto, sino la manera de proteger un activo que otorga el derecho de exclusión para impedir que otros se aprovechen de una reputación ajena. Una marca registrada se convierte en un activo de valor que puede ser vendido, franquiciado o utilizado como garantía para créditos, sumando valor real al balance de la compañía. En última instancia, la seguridad jurídica permite invertir en marketing y expansión sin el miedo constante a recibir una orden judicial de cese de uso.
La identidad de un negocio es el corazón de su reputación y en un mercado dinámico y abierto a la competencia, esperar tener un problema legal para actuar es un riesgo que puede costar la existencia misma de la empresa. Asegurar la identidad legal hoy es la única forma real de garantizar que el esfuerzo de años permanezca en manos de quien realmente lo construyó.