El naufragio del Derecho y las constituciones, una reflexión necesaria
La democracia no siempre colapsa por golpes violentos, a menudo se desvanece por un vacío ético insidioso que Javier Cremades define como «Desconstitucionalización», un proceso donde la norma suprema deja de limitar al poder para convertirse en un estorbo sistemáticamente ignorado. Esta erosión se manifiesta cuando los postulados fundamentales son «ninguneados» por líderes que anteponen su voluntad política a la seguridad jurídica, rompiendo el principio de “no inmisión” mediante ataques frontales a la independencia judicial. A este fenómeno se suma una barrera de orden «noseológico»: el Estado de derecho muere en el desorden normativo cuando el ciudadano pierde el acceso real al conocimiento de su Constitución, resultando en un «falseamiento del Estado» donde la democracia sobrevive solo en el papel mientras es sustituida por el imperio de la fuerza. Casos globales que conocemos en América y Europa, nos demuestran que la ley pierde su fuerza normativa cuando permitimos su degradación, recordándonos que la Constitución solo nos protege si, como ciudadanos y juristas, impedimos que el poder la trate como un simple consejo y no como una orden suprema y de obligatorio cumplimiento.
Alberto Preciado
Socio de Preciado Abogados